
El hombre, molesto e incómodo, se preguntaba cuánto tiempo más debía pasar para que esa sensación de soledad finalmente lo abandonara.
El perro, sediento e inquieto, trataba de recordar tiempos llenos de risas y caricias que no lo debieron haber abandonado jamás.
Congelados en el tiempo, quizás el hombre habría bajado la mirada, tal vez el perro lo habría salpicado, tal vez se habrían conocido, tal vez.
